I
En la mitad de un bosque umbrío
de esbeltos árboles y negros ríos,
mora una ninfa cuyos ojos,
más que oscuros, son sombríos.
Su cruel mirada viste
con frialdad todas las cosas;
si los pájaros mira
se vuelven piedras y las flores, lozas.
De sus labios brota una cruel tormenta,
Si Malexandra habla, el dolor aumenta
carcajada, su grave voz
rasposa y dura como la tos.



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