Siempre fue una niña de una rareza normal. Sí, una niña que deseaba profundamente ser adulto y destetaba casi todas las actividades infantiles, jugar a las muñecas o a la casita obedecer incondicionalmente. De niña solo amaba los libros para niños y escalar árboles. Esos libros eran tan verdaderos, profundos y complejos, eso pensaba yo, que quería escribir mis propios libros.Cuando crecí me sorprendió la intemporalidad de ese deseo. Continuaba leyendo a escondidas los libros para niños, con sus hermosas ilustraciones y con sus mensajes de amor por la humanidad y esperanza en el futuro y en las noches en casa imaginaba con los ojos abiertos cientos de historia para niños, historias que me hubiera gustado leer, a veces hasta tan tarde que soñaba con esas historias. Una vez convertidas en sueños creía que participaba verdaderamente de dos mundos: el de mis sueños y este mundo que llamamos real. Todavía sigo comprando libros que termino regalando en los cumpleaños de algún primito, sobrinito o vecinito. De este modo he logrado acumular una biblioteca imaginaria en mi corazón y en mi imaginación, aún más vasta que la que tengo ahora de libro reales. Hace poco decidí sacar esas ideas esos libros imaginarios que siempre desee escribir y que ahora me impulsan a redactar este blog para dejar algunas de esas historias que temía sacar a la luz por temor a ser señalada peyorativamente como infantil o boba. Les dejó una ilustración mía acerca de cómo me veía cuando era niña a mí misma. Es algo aterrador y tierno como la niñez. Y los invito a leer en las siguientes semanas las historias que he escrito y que compartiré con ustedes a su tiempo.

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